sábado 25 de junio de 2011

Me frustras

Él me frustra... y mucho

Me desespera que nunca sé qué esperar de él, si hoy tiene ganas o no... y no me frustra tanto él, ni sus reacciones, en realidad lo que me frustra es que mi estado de ánimo dependa de él, de lo que haga y lo que diga. Y no es sólo él, con todos los demás ha sido lo mismo, y no es lo que siento yo por ellos, la verdad es que soy demasiado obsesiva y por eso me frustro con todo, si las cosas no salen como quiero, como imaginé, con él, con el trabajo, en mi casa, con la comida, con mis amigos, con el dinero, con todo... Maldita obsesión, maldito trastorno...



Anoche no pude dormir nada. Llegué a mi casa en estado de confusión total, más aparte mis hormonas que no me ayudan, y el cansancio extremo que no soporto. Dormí a lo mucho una hora y desperté, y pensé y pensé, me desesperé, no sé por qué, no quiero decir que mi vida está de la chingada porque es demasiado drámatico y no es verdad. Pero no hay nada, de nada. Sólo una enfermedad que no me deja y ni siquiera sé si quiero que se vaya. Cuando tuve la oportunidad me dio igual. No quería que se fuera, quiero que vuelva si es que se fue. No, no se ha ido. Sólo quiero de vuelta el síntoma de la delgadez extrema. Lo que quiero es desaparecer, de a poco.

Y pienso, pienso, pienso y pienso... en todo. Mi relación con él es igual que con la comida. Obsesiva. Me gusta, quiero hacerla mía. Y después me hace mal. Pero no por sí misma. Por el significado que le doy, que pienso que me engordará, que se hará parte de mí. Y ya no la quiero. Pero la saco y la vuelvo a desear, eternamente. Deseo y odio. Es lo mismo con él, lo quiero aquí, lo deseo. Me frustra si no lo tengo. Después ya no quiero. Después lo deseo de nuevo. Si es la misma relación con los hombres que con la comida, no debería preocuparme, porque alejándome de él se me pasa en dos días. Pero no puedo huir de la comida. Está en todas partes, me controla.

Ayer llegó la psiquiatra del hospital a mi consultorio. Me dijo que tenía una paciente anoréxica, motivada a curarse, a subir de peso. Que ella la vería una vez por semana y que requería orientación nutricional. Medía 1.55 y pesaba 35 kg. No me impresiona eso. Yo mido 1.63 y llegué a pesar 41 kg que es lo mismo.La gente es muy impresionable. El meollo del asunto fue que yo quería huir. Sentía que no podía soportarlo. Ya había visto una niña anoréxica de 11 años que parecía de 8. No sé cómo pude hacerlo esa vez, probablemente no estaba tan grave, pero más me partía ver a su mamá. En fin, no sé cómo pero salí esa vez, y otras viendo a niñas con desnutrición, pero no por anorexia nerviosa. Esas veces me daban ganas de llorar, pero tenía que controlarme. Total que la psiquiatra me dijo que le diera cita lo más pronto posible, y pues nada más tenía un paciente, entonces le dije que me la pasara... no quería en serio, quería que se cayera el hospital, que balacearan, que se viniera el huracán, que se prendiera la alarma contra incendios, cualquier cosaa!! Esperé a la practicante de nutrición para que me ayudara, y se puso casi igual que yo, no sabíamos qué hacer y pues entre las dos calculamos una dieta baja en calorías que pudiera tolerar. Pero eso no es lo importante, eso lo sé hacer bastante bien. Podía verla, medirla, pesarla, darle un plan de alimentación, explicarlo y adiós. Pero no. Tenía que escucharla, tenía que verla sentada frente a mí con sus padres a un lado, diciendo lo que ha pasado, cómo no come. Pues la pasé. Qué más podía hacer. Ni siquiera le pregunté el motivo de la consulta. Era una nena de 16 años que parecía de 11. Pero bueno salió bien todo, no sé cómo.


En fin, pensaba si algún día me curaré. No lo creo. No creo que en verdad lo haga. Creo que siempre viviré con ella. A veces más fuerte, a veces apenas la sentiré. Pero es parte de mí. Al menos eso pienso.

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